January 20, 2018

Terapias naturales: Para tratar la depresión y la melancolía

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La tristeza y la melancolía son dos sentimientos presentes en algún momento de la vida de todas las personas, al igual que la alegría y el placer. Los dos primeros no son en sí patológicos, pero en algunas ocasiones pueden llegar a serlo para ciertas personas. Cuando el estado de ánimo de un individuo en un determinado momento de su vida sufre sentimientos severos y prolongados de tristeza o síntomas relacionados que afectan a su capacidad para relacionarse con otros, trabajar o afrontar el día, la tristeza se convierte en una enfermedad, que se conoce como depresión.

Causas

Las causas de la depresión son variadas, pero la bioquímica puede ayudar a explicar algunos casos. Las personas deprimidas muestran niveles muy altos de cortisol (una hormona) y de varios agentes químicos que actúan en el cerebro, como los neurotransmisores serotonina, dopamina y noradrenalina. Estos niveles pueden estar elevados por motivos hereditarios. Explicaciones dadas al origen familiar de la depresión son que los niños reciban una visión triste del mundo por el comportamiento de sus padres, o crecer en un ambiente que no es totalmente enriquecedor.

Respecto a la depresión que no está causada por motivos familiares, las pérdidas emocionales muy profundas pueden causar cambios bioquímicos que impulsen la depresión. Estos cambios pueden provocar la enfermedad no de una forma inmediata, sino más adelante. Otros factores pueden ser la pérdida de un trabajo, o la falta de capacidad de adaptación a determinados cambios.

Signos y síntomas

Los principales signos de la depresión son un bajo estado de ánimo la mayor parte del día, disminución acusada del interés o de la capacidad para el placer en todas o casi todas las actividades, pérdida importante de peso sin hacer régimen o aumento de peso, insomnio o hipersomnia, agitación o enlentecimiento psicomotores, fatiga o pérdida de energía casi cada día, sentimientos de inutilidad o de culpa excesivos, disminución de la capacidad para pensar o concentrarse, o indecisión, pensamientos recurrentes de muerte, ideación suicida recurrente sin un plan específico o una tentativa de suicidio.

Diagnóstico

La indagación en la historia del paciente es un arma fundamental para que el profesional pueda diagnosticar un caso de depresión. Se debe incluir una historia médica completa, donde se vea cuándo empezaron los síntomas, su duración y también hay que hacer preguntas sobre el uso de drogas, alcohol o si el paciente ha pensado en el suicidio o la muerte. Una evaluación diagnóstica debe incluir un examen del estado mental para determinar si los patrones de habla, pensamiento o memoria se han afectado. Para diagnosticar un trastorno depresivo, se deben de dar en el periodo de dos semanas alguno de los síntomas antes tratados. Uno de ellos debe ser el cambio en el estado de ánimo, pérdida de interés o de la capacidad para el placer.

Tratamiento

El ambiente que rodea a una persona que sufre depresión es fundamental para lograr su rehabilitación. La comprensión y el cariño de los familiares y allegados es importante, como también la paciencia, porque la falta de ganas y motivación de los enfermos puede provocar la desesperación. Sugerir y no ordenar actividades, proponer y no imponer conversaciones son apoyos básicos a la terapia impuesta por los profesionales. Uno de los problemas más importantes que presenta este grupo es el abandono de las terapias, por lo que es fundamental inducirle a seguir el tratamiento hasta el final.

El tratamiento contra la depresión es de dos tipos: farmacológico y psicoterapia. Dependiendo del problema puede ser necesario uno u otro, o una combinación de los dos. En general, el tratamiento farmacológico es necesario. En una primera fase se medica de forma intensa al enfermo para conseguir que los síntomas desaparezcan y se pueda iniciar la recuperación del enfermo. En una segunda fase se suministran fármacos para impedir la manifestación de la enfermedad. Por su parte, en la psicoterapia el fin es ayudar al paciente a conocerse mejor y cambiar sus malas formas de pensar, sentir y actuar.

Prevención

Aparte del tratamiento farmacológico o psicoterapéutico es importante que se sigan ciertos consejos o modos de vida, tales como procurar pensamientos positivos, cuidar la salud física, mantener un calendario diario uniforme, reanudar las responsabilidades forma lenta y gradual, aceptarse a uno mismo, no compararse con otras personas que considera favorecidas, expresar las emociones, seguir en todo momento y hasta el final el tratamiento impuesto, reunirse periódicamente con el terapeuta, comer una dieta equilibrada y hacer ejercicio físico.

Vuelven a estar de moda las terapias clásicas de belleza

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fueron utilizadas desde la Antigüedad por diferentes civilizaciones para mejorar la calidad de vida y alcanzar un estado físico y psíquico armónico. Hoy, como en aquellos tiempos, las terapias que emplean el calor como agente terapéutico siguen vigentes y se presentan como una opción ideal contra el estrés y los dolores musculares. Sauna, baños de vapor, ducha Vichy o hidromasaje, hay opciones para cada necesidad.

El calor es un agente natural que logra combatir diversas patologías y trastornos físicos. Expuesto al calor, el organismo responde con efectos muy positivos. “Nuestro cuerpo está preparado para regular la temperatura y mantenerla entre los 35 y 37 °C; si aumenta el flujo de calor los capilares sanguíneos se dilatan para evaporar el agua y refrescar la superficie cutánea. Este aumento de flujo sanguíneo provee más nutrientes a las células y aumenta el intercambio de oxígeno”, explica Paula Schaievitch, Directora de Icono cosmética. En cuanto a los efectos calmantes, la experta aclara que esto sucede porque el aumento temporal de la temperatura, de manera gradual y sostenida, provoca sedación y analgesia y una consecuente sensación de bienestar general. Como el calor incide en las terminaciones nerviosas, la terapia con calor o termoterapia es una disciplina con efectos analgésicos que ayuda a atenuar todo tipo de dolores musculares. Pueden tener contraindicaciones, por eso deben estar supervisadas por profesionales idóneos.

LAS OPCIONES

Sauna.
Esta terapia se realiza en una sala revestida con una madera especial, que resiste muy altas temperaturas y absorbe la humedad, diseñada con escalones a distintas alturas: a mayor altura, se siente más calor. El calor proviene de piedras volcánicas a altas temperaturas, calentadas por un calefactor eléctrico, que eventualmente se rocían con agua para generar la sensación de aumento de la temperatura y lograr el aroma a la madera, típico del sauna. En la sala la temperatura promedio oscila entre los 70 y 80 °C y la humedad es del 20 por ciento.

Indicaciones.
Sólo se debe entrar a la sala si ha transcurrido, como mínimo, entre una hora y media y dos horas luego de haber comido o realizado actividad física. El tiempo indicado son 10 minutos. Siempre va acompañado con contrastes de temperatura: a la sesión de calor le sigue una de enfriamiento, que amplía los efectos de la sudoración.

Beneficios.
El sauna consigue una higiene de la piel muy eficiente. La transpiración que se produce hace que se abran todos los poros y que se elimine el sebo, las toxinas y las bacterias, el alcohol y la nicotina. De hecho, se pueden llegar a perder hasta 2 litros de agua junto a las toxinas. Además, el sauna mejora la función cardiovascular: al dilatar los vasos capilares obliga al corazón a bombear con más fuerza para mantener la presión sanguínea.

Baño de vapor.
Era una costumbre antiguamente difundida entre turcos y romanos. Entre estos últimos, fueron famosas las termas y las más conocidas fueron las de Caracalla con una pileta con capacidad para 2 mil personas. El baño de vapor ejerce su acción a través de calor húmedo y genera un efecto profundamente relajante. La temperatura promedio es de unos 55 °C, y la humedad entre 90 y 100 por ciento.

Indicaciones.
Antes del baño es necesario beber agua para compensar la deshidratación que conllevará la sudoración y ducharse con agua templada. Una vez dentro, primero hay que sentarse en el banco inferior, esperar a transpirar durante 10 minutos. Luego, sentarse en el banco superior y relajarse durante 5 minutos. No se aconseja permanecer más de 15 minutos en total. Para finalizar, salir del baño y ducharse con agua fría. Luego descansar e hidratarse tomando pequeños sorbos de agua.

Benficios.
Un baño de vapor logra distender los músculos y aliviar el estrés. Es una terapia desintoxicante y depuradora muy reconfortante. Al dilatar los poros de la piel, el vapor permite una limpieza profunda y duradera que deja la piel lisa y aterciopelada. El flujo del vapor caliente y húmedo contribuye, además, a combatir los problemas de las vías respiratorias: garganta, nariz y bronquios se ven favorecidos. Por esta razón los baños son muy buenos para exfumadores y para quienes están en camino de serlo. Sin embargo, no se aconsejan a quienes padecen trastornos de presión o venas varicosas porque el calor puede dilatarlas y generar mayores molestias.

Como curarse con la acupuntura.


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